Érase una vez un ladrón, que un ladrón entró en una hacienda y robó doscientas cebollas. Antes de que pudiera huir, el dueño del lugar lo capturó y lo llevó ante el juez.

A la pregunta del juez “Por qué había intentado robar las cebollas”, el ladrón respondió “El dueño tiene mucho dinero y para que él sacara un beneficio mejor las vendía yo en el mercado y obtenía unas 8 monedas de oro.”

El juez no titubeó ni un segundo y dictó sentencia: “Te condeno a pagar una multa de diez monedas de oro.”

El astuto ladrón alegó que era una multa demasiado elevada y que no podía pagarla. Entonces el juez, le ofreció dos alternativas: “Te condeno a comer las 200 cebollas o bien a recibir doscientos latigazos en la espalda”.

El mordaz ladrón declinó los latigazos y optó por comerse las 200 cebollas, mirando con burla al dueño. Pero cuando llevaba comidas 25 cebollas, sus ojos estaban hinchados de tanto llorar y su estómago ardía como el mismo fuego del infierno. Como aún le faltaban comer otras 175, se dio cuenta que no soportaría la condena, así que le pidió al juez que ordenara aplicarle la otra condena; los 200 latigazos en la espalda.

El juez ordenó el cambio de castigo, pero cuando el malhechor recibía su veinteavo latigazo, el dolor era insoportable, así que imploró que detuvieran el castigo, pues estaba dispuesto a pagar las diez monedas de oro. Y así lo hizo, personándose ante el juez para pagar la multa, con los ojos hinchados, el estómago al rojo vivo y la espalda dolorida.

Entonces el juez le dijo: “Si hubieras aceptado la multa, te habrías evitado comer las cebollas y no habrías sufrido con el látigo, pero tu avidez te llevó elegir la opción más beneficiosa para ti pero la más difícil: comer las 200 cebollas para que el campesino no pudiera obtener beneficio alguno, sin entender que, cuando se hace algo mal, es mejor asumir la responsabilidad.”

La vida nos pone a prueba muchas veces y debemos escoger, de modo que si elegimos una perdemos la otra y viceversa. Algunas veces elegimos la opción equivocada, eso nos hace volver a nuestro pasado y reflexionar sobre la opción que escogimos y que nos falló, y puede ser que podamos elegir la otra opción y acertar, pero si no podemos elegir la otra opción, nos tenemos que quedar con nuestros fallos y aplicarlos a un presente, desde ese presente analizamos las opciones y las ponemos en practica, todo ello para obtener un futuro mejor, un futuro en el que nos sintamos bien.