Uno de los aspectos que la Sabiduría nos enseña es a aceptar las contrariedades de la vida.  Su aceptación no supone que debamos resignarnos o aprobarlos, sino todo lo contrario,  porque si intentamos ver la dimensión espiritual de los sucesos, podremos acceder a un procedimiento activo que facilite nuestro cambio y transformación.
 
Como seres humanos debemos ser amables con los demás y saber perdonar, si nos sentimos ofendidos. El deleite del desquite es efímero, en cambio el gusto del perdón es un auténtico gozo duradero.Debemos abrir la mirada de nuestro corazón para ver la verdad; lo que no resulta perceptible a nuestra vista. Es decir que nuestro ojo interior perciba la verdad de todo. Entonces la verdad no nos afligirá. Todos sabemos que la vida está repleta de pruebas, que tenemos altibajos, que nacemos, crecemos, envejecemos y morimos, que después de cada ocaso hay un amanecer, etc. ¿Por qué debemos afectarnos, pues?.
 
Inevitablemente debemos enfrentarnos a múltiples dificultades en nuestra vida, pero si no permitimos que las contrariedades nos afecten, nuestra voluntad y fortaleza aumentará gradualmente.
 
Debemos tratar de adquirir el autocontrol, relativizando los sucesos.  En nuestra vida afrontamos altibajos y aunque son de diferente graduación, también hemos superado anteriormente otros que nos parecían irresolubles. Debemos aprender a controlar las contrariedades y disgustos, así cuanto más los rechacemos, mejor los dominaremos.