Cooperación

Los Problemas como Mensajes

CooperationMás y más gente comprueba la unidad interna de toda la vida y el impulso para cooperar con otros aumenta. Aprendemos a cooperar en sociedad y en familia, en el trabajo diario, colaborando con una asociación, una organización social, religiosa o política. Las contribuciones a la cooperación no pueden medirse solamente en dinero, ellas pueden también ser de naturaleza física, psíquica o mental. Cooperamos con otros de numerosas maneras y de esta forma nos entrenarnos para armonizarnos con el entorno y con actividades más sutiles.

Sin embargo los conflictos interfieren con frecuencia en la cooperación. Tenemos presunciones sobre lo que otros hacen o piensan de nosotros y nos dejamos influir por esto. Hay fricción con aquéllos con los que discrepamos y con los que nos resultan desagradables. Sufrimos decepciones por las expectativas que tenemos sobre nuestros hijos y amigos. Los problemas con una pareja que no coopera hacen del hogar un infierno. Tendemos normalmente a ver en otros las causas de nuestros problemas, pero los problemas están en nosotros mismos. Tenemos mecanismos excelentes para atraer problemas. Así el compañero de vida exterior refleja un problema que tenemos con nuestro compañero de vida interior; el socio que no coopera y no nos acompaña es un mensaje de que la cooperación entre la personalidad y el alma no funciona en nosotros mismos, porque desde un punto de vista superior, la personalidad es la esposa del alma. Uno se puede divorciar del compañero externo, pero la personalidad y el alma no son separables entre sí. Sin la personalidad, el alma no puede hacer nada. Tenemos que resolver las diferencias de modo que no vivamos continuamente en lucha con nosotros mismos.

Relaciones Amistosas

Tiene que establecerse una relación amistosa entre el alma, la mente y el cuerpo, porque la amistad es la base para una buena cooperación. Donde existe autoridad, allí existe un accionar oculto a espaldas de quien la ejerce. El alma ama la libertad y no desea estar bajo órdenes. La personalidad necesita ciertas cosas, el alma necesita otras. Si intentamos llevar una vida austera, monástica, la personalidad se opone. No es una enemiga, sino que desea ayudarnos. Sin embargo, no podemos ocultarle todo y decir: “Tú debes trabajar para el alma” Entonces la personalidad dice: “Gracias, adiós” También tenemos que ser amistosos con nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos, entonces ellos cooperan con nosotros. Una buena relación es el resultado de dar y de recibir.

Construimos amistad haciendo compromisos y estableciendo acuerdos. Debemos dar a la personalidad lo que necesita – de cuando en cuando, también “dulces”, de lo contrario caemos en una “monotonía monástica” como la llama el Maestro Morya. El cuerpo es como el hermano menor, que no puede decidir sobre el programa del mayor, pero que puede ser instado a cooperar por medio de la amistad. Si no utilizamos el cuerpo correctamente, nos causa problemas en forma de malestar, enfermedades, decaimiento y muerte. No obstante, incluso las enfermedades esperan y cooperan con nosotros, cuando trabajamos por el propósito de la vida: se retrasan hasta que llega la hora. Esto es una verdad que cada discípulo espiritual debe saber. Sin embargo, no debemos pretender una salud perfecta, porque no existe. Incluso la gente sana tiene dolencias, en forma de tristezas, ansiedades u orgullo. Éstos son peores que el malestar en el plano físico.

Cuando el alma y la personalidad cooperan bien, ésto conduce a un comportamiento cooperativo hacia otros y a una comprensión amorosa de sus problemas. La amistad y el amor crean confianza, que es el requisito previo para una buena cooperación. No podemos exigirla; si la pedimos, ella no llega. Al principio, debemos cooperar bien con otros, sin esperar su cooperación. La mejor manera de ganar la cooperación de otros es apoyarlos antes de que pueda esperarse cooperación de su parte. Esperar hasta que encontremos quienes colaboren con nosotros, es de una voluntad débil. La vida de los Grandes demuestra que siguieron la Voluntad Divina y no confiaron en algo externo para manifestar su trabajo. Realizaron su trabajo y la gente se unió para ayudar, como el agua se une en el cauce de un río. Con esta clase de autodeterminación nos volvemos magnéticos para recolectar de la objetividad lo que se necesita para el trabajo.

Fricción y Redondeo

Existen siempre personas que se reúnen alrededor de un discípulo con las cuales él no congenia, de modo que la fricción y la confrontación puedan ocurrir. Es una paradoja el que tegamos dificultades serias entre nosotros mismos en grupos de buena voluntad. El Maestro piensa: ”!Estos niños!”, pero no condena nuestro comportamiento porque tiene compasión de nosotros. En el jardín del Maestro todo el mundo es bienvenido, nadie es rechazado. El ve a Aquél que está en todo lo que encuentra, incluso en cada comportamiento extraño. Podemos estar o no de acuerdo con el comportamiento de otro, pero podemos convenir con Aquél que está en el interior del otro. Eso significa que encontramos al alma en el otro y no nos agobiamos con su personalidad. El Maestro E.K. decía: “El grupo es el Maestro. No hagas nada que esté en conflicto con el interés del grupo.” De otra manera, se corre el riesgo de separarse de éste.

Un grupo de discípulos no está obligado a hacer la misma clase de trabajo de manera semejante. Se han comprometido a trabajar bajo la inspiración de sus almas y esto se consolida a través del contacto con el Maestro y entre cada uno de ellos. Están conectados entre sí por la semejanza de visión y vibración, por el respeto mutuo y sobre todo por la absoluta libertad. El Maestro no dice: “haz ésto o aquello”. El discípulo tiene que darse cuenta por medio de la reflexión donde se necesita su cooperación y así se desarrolla el Plan. Para este trabajo se necesita la más completa libertad de crítica. La crítica destruye la cordialidad; la no-cooperación silenciosa mina las bases para el servicio común. En consecuencia, tenemos que aprender a ser cautelosos con la crítica y las opiniones sobre otros. Se necesita también una medida razonable de flexibilidad de modo que pueda surgir una cooperación natural en libertad y cordialidad en una comunidad voluntaria. Las cosas pueden hacerse mucho mejor y más rápidamente por medio de la amistad.

Cooperación con los Devas

En actos de la buena voluntad fluye energía. La dedicación y el entusiasmo en el servicio nos mantienen en un estado de fluidez y multiplican el impacto. En cada servicio hacia el todo mayor recibimos la inspiración y la dirección a través de los Maestros de Sabiduría y los Devas, las inteligencias sutiles de la naturaleza. Los Devas están satisfechos de trabajar conjuntamente con con nosotros por el Plan. Puede ser que no podamos percibir qué sucede detrás de la cortina, pero cuando somos conscientes de la cooperación espontánea, su bendición aumenta. No obstante, si pensamos que las energías surgen de nosotros y desarrollamos orgullo, nos apartamos de la presencia y nos desviamos del camino. La conciencia de la presencia aviva la cooperación con todo que nos rodea y da plenitud a nuestras vidas.

Fuentes utilizadas: K.P. Kumar: Saraswathi – La Palabra / notas de seminarios. E. Krishnamacharya: El Libro de Rituales. The World Teacher Trust / Ed. Dhanishta, Barcelona.