Disolución y Creación

Existencia Eterna

Hoag's Object, NASA/ESALa creación es un movimiento cíclico con una constante formación, desarrollo, y disolución de formas. Todas las cosas llegan a la existencia y se van con el tiempo.El tiempo lo trae todo y se lo lleva otra vez. Las Enseñanzas de Sabiduría, sin embargo, dicen que no hay nada que no sea eterno porque la existencia es el transfondo de la creación. Sea visible o invisiblemente, todo existe siempre. Así, la materia es eterna; aparece y desaparece otra vez, de igual manera que las fuerzas o las almas lo hacen. Son eternas, de igual modo que el cosmos es eterno en el sentido de que existe en forma manifiesta o potencial. Antes de cada manifestación, todo existe ya como su meropotencial. Tomamos a veces una forma sutil, y otras veces una forma densa. Sólo por el hecho de que la forma densa ya no esté, no podemos decir que dejamos de existir. La disolución hace que las cosas sean invisibles, pero todo existe siempre en todos los planos, en diferentes puntos en el tiempo.

Según las enseñanzas de sabiduría, tres cuartas partes de la creación son invisibles, mientras que solamente un cuarto de la misma es visible. Las radiaciones cíclicas traen periódicamente a la creación a su plano denso, del cual se retira debido a la periodicidad. Este globo consiste de una serie de siete pulsaciones de las cuales solamente la cuarta, el globo-D, es visible – al menos para el hombre común que percibe el mundo a través de los sentidos. La visibilidad o la invisibilidad de las cosas se corresponden con el nivel de conciencia de un hombre. A través de la disciplina espiritual, aprendemos a reconocer los planos más sutiles de la existencia.

El año, con las cuatro piedras angulares de solsticios y de equinoccios, el mes con las fases de la luna llena, la luna nueva, y las ocho fases de la luna, así como el día con sus cuatro puntos cardinales, contienen todos los secretos de la creación y de su condicionamiento por el tiempo. La salida del sol es un símbolo exacto del principio de la creación, en otra escala es nuestro nacimiento individual o nuestro despertar del sueño. No importa cuán brillante sea un día, tendrá que rendirse eventualmente a la oscuridad. De igual manera que la puesta del sol es el símbolo del final, nuestro sueño es el símbolo de la subjetividad total a la que llamamos disolución o Pralaya. A cada noche le sigue un nuevo día, de cada disolución surge una nueva creación. Cada final lleva en sí mismo la semilla de un nuevo principio.

Cuando estamos despiertos, existimos y somos conscientes de nosotros mismos. Durante el sueño, nos encontramos en un estado sin conciencia; pero existimos. Sólo ha ocurrido un cambio de condición. Nuestra existencia no comienza al salir del vientre materno, y no termina con la desaparición del cuerpo. También en el Pralaya, la disolución completa, continuamos existiendo en forma potencial.

El Camino de las Aguas

El centro de nuestro ser no tiene nombre ni forma, pero es sin embargo nuestra identidad principal y el principio pulsante de vida. Somos indestructibles. Debido a eso, nos llaman Nara. Nara significa en Sánscrito “indestructible”. También significa “agua,” las aguas del espacio o éter. Ellas se mueven constantemente desde lo más sutil a lo denso, la trayectoria de formación, y de regreso nuevamente en la trayectoria de disolución y el ascenso. Este movimiento completo se llama el camino de las aguas del espacio, Nara-ayana (ayana = trayectoria, camino). En la palabra Narayana se contiene la pulsación-vital entera del ciclo de la creación; se invoca con el mantra OM Namo Narayanaya. En la India, se describesimbólicamente a Narayana el Señor descansando sobre una cama de serpientes. Un loto emerge de su ombligo, y en él se sienta el creador de cuatro caras. No obstante, no se conoce la clave para la comprensión adecuada de esta imagen.

Narayana es el azul ilimitado de las aguas del espacio, la serpiente representa las energías en espiral del tiempo. De la existencia pura, el espacio potencial, surge una burbuja que adquiere la forma de un huevo, el horizonte de la creación futura. Según el Devi-Purana, hay otros universos fuera del nuestro, de igual forma que diversas burbujas pueden emerger del espacio pulsante, pero nosotros sólo nos ocupamos por nuestra propia creación.

Con la formación del huevo, ocurre una separación entre el centro y el perímetro; y con ella, una limitación dentro de lo ilimitado. El símbolo del círculo con el punto en su centro se da a todos los discípulos espirituales para meditar sobre el nacimiento de la conciencia YO SOY. El punto en el centro es el paso de la subjetividad a la objetividad, visualizada en el centro de nuestra frente, el centro Ajna, el punto del despertar.

El Despertar del Creador

Antes de que la creación se revele, es un huevo, luego se convierte en un loto. El loto incorpora el principio del desarrollo de la conciencia. El crecimiento del hombre en el vientre de la madre y su nacimiento en el décimo mes se corresponde con el nacimiento del cosmos. Lo primero que se desarrolla durante el momento de la concepción es el centro de la cabeza. Con la formación del canal espinal, desciende la conciencia creativa. El Bhagavatam describe cómo el creador, al despertar, se dio cuenta de que estaba sentado sobre un loto. No sabía de dónde venía y todo lo que podía ver a su alrededor era azul. Debido a su tan largo sueño, no recordaba quién era. Las escrituras dicen que el creador había dormido 1000 Yugas (edades) tanto como había durado la creación anteriormente. Al despertar, reconoció que estaba sentado sobre un loto y se preguntó: “¿Dónde estoy y de dónde proviene este loto?” Se sintió separado del principio pulsante e ilimitado, y fue arrastrado a la ilusión de una existencia separada. Miró fuera de sí y emprendió un viaje por la espina dorsal hacia abajo, para encontrar sus orígenes en las profundidades. Al no encontrar fin alguno, retornó. Buscó en todas direcciones, pero no encontró nada. Se preguntó una y otra vez, “¿Quién soy?, ¿Dónde estoy?, ¿Qué debo hacer?” Entonces oyó una voz: “¡Medita sobre ello!”

Por medio de la meditación en el principio pulsante de su corazón, experimentó su existencia. Se dio cuenta que la existencia es el trasfondo de todo, ilimitada e indefinible, y que se proyecta como el Creador a través del cual surge la creación. En esto, tenía la sensación de que el trabajo de la creación era muy grande para él. Entonces oyó al Dios Absoluto decirle: “No necesitas crear, ya todo está allí. Abre tu boca y todo saldrá de ella. Pensarán que lo has creado todo, pero la verdad es que tú no creas absolutamente nada.”

Los Cuatro Kumaras

Aquello que emerge nuevamente se llama la germinación del creador. Es Su tarea permitir que la creación ocurra a través de Él. Así, los cuatro principios, o cuatro planos de existencia, llegaron a existir: existencia, conciencia, mente, y manifestación. Se llaman los cuatro Kumaras, o los cuatro hijos del creador. Sanatana es el Kumara del Plano Supracósmico, Sanaka en el Cósmico, Sanandana en el Solar, y Sanat Kumara en el Plano Planetario. Por tanto, Sanat Kumara es el Señor de nuestro planeta. Como las llamas, las energías de los Kumaras se dirigen siempre hacia arriba; forman la línea vertical de la existencia entre el centro de la cabeza y el centro de base en nosotros. La parte sobre las cejas se llama Sanatana, la luz eterna; la parte desde la garganta a la frente se llama Sanaka; la parte desde corazón a la garganta se llama Sanandana; y lo que va del corazón a la base de la espina dorsal se llama Sanat Kumara.

Los Kumaras emergieron como los primogénitos de la creación, como seres perfectos. Ya habían alcanzado la perfección en la creación anterior. Cuando el Creador les pidió que le asistieran en la creación, sólo sonrieron, pero no lo siguieron porque tenían una tarea diferente en el Plan Cósmico, la cuál el creador no conocía. En la Doctrina Secreta, esto se llama la desobediencia de los Kumaras. Su trabajo, sin embargo, es diferente: ayudan a todos los seres en su búsqueda por lo Divino. También se llaman Agnishvattas, los que prestaron el fuego de la conciencia al hombre en un punto posterior de la creación, desde el centro de la tercera raza. Por tanto, hay muchas historias sublimes en las enseñanzas de la sabiduría de Oriente que guardan el conocimiento secreto de la creación del cosmos y del hombre. Debemos meditar en estos conceptos siempre que nos vayamos a dormir y que despertemos. Esto nos ayudará a entender cómo la creación llego a ser, de dónde venimos, y en qué se basan nuestras vidas.

Fuentes Utilizadas: K. P. Kumar: La Cruz de Acuario / Notas de seminarios / E. Krishnamacharya: La Sabiduría de los Cielos. The World Teacher Trust / Ediciónes Dhanishta España.