El Morir y la Inmortalidad

La Ilusión de la Muerte

DeathlessnessCuando nos miramos a un espejo, vemos allí nuestra cara o nuestro cuerpo. Si alguien lanza una piedra contra el espejo, se destruye la imagen, pero no nosotros. Incluso si el espejo de nuestra alma, nuestro cuerpo, se destruye, nosotros no morimos con él, sino que continuamos viviendo. El alma en su aspecto triple: Voluntad, Amor y Actividad Inteligente – no puede ser destruida. Mientras más nos percatemos de que somos almas y trabajamos a través del cuerpo, más intensamente seremos testigos del cuerpo y sus cambios. Permanecemos en nosotros y experimentamos la continuidad del sentido, pero el cuerpo pertenece a las cosas que tienen que pasar: nació, creció, y probablemente haya engordado. Incluso si luchamos para mantenerlo, siempre se desprenderá de nosotros y dispersará sus elementos. No hay alma viviendo en el sepulcro, sino sólo el recuerdo de una persona.

Es hora de que se sepa que no se muere, aun cuando no se mantenga el cuerpo actual. Es como cambiarnos de un coche viejo para uno nuevo. Salimos de un coche cuando hemos alcanzado la meta. Cuando hemos cumplido nuestro trabajo, podemos dejar el cuerpo sin temor. Cada noche dejamos el cuerpo, y cada mañana volvemos a él. Al soñar sentimos que salimos del cuerpo y pasamos a través de diferentes cosas. Cuando meditamos y estamos en un estado avanzado, tampoco estamos situados en nuestro cuerpo. Tenemos que practicar diariamente para separarnos de nuestros cuerpos, de nuestros enlaces emocionales y mentales, y para vernos como desde el exterior. Así podemos superar lentamente la ilusión de la muerte.

Asimilar esta verdad nosotros mismos, trasmitirla a otros es uno de los servicios más grandes, puesto que el miedo de la muerte está limitando enormemente a la humanidad. Muchos dueños de la sabiduría trabajan impregnando en la humanidad la verdad de la inmortalidad. “Los que no desean morir, deben ponerse en contacto conmigo”, anunció el maestro CVV en un importante periódico hindú de principios del siglo pasado. El pensamiento detrás de esto es que nos damos cuenta de que la muerte es un mito. Mucha gente en todo el mundo está convencida de la doctrina de la reencarnación. En las décadas venideras se expandirá rápidamente la verdad acerca de la inmortalidad y la continuidad de la vida puesto que la humanidad desarrolla la capacidad de experimentar la existencia etérea. Cuando nos estabilizamos en la forma etérea, no nos importa si la vida de nuestro cuerpo se acaba y muere. Sin embargo, si nos aferramos a la imagen del espejo, eso nos causa dolor.

Es una buena preparación para la transición el intentar quedarnos dormidos conscientemente, manteniendo la conciencia en el pensamiento e imaginándonos los contornos de luz que rodean nuestros cuerpos. Y cuando despertamos del sueño, debemos concentrarnos mentalmente en el estado que yace exactamente en el umbral entre el sueño y la vigilia. Nos despertamos como ESO y nos ubicamos nuevamente. Entonces nos ponemos nuestra envoltura de pensamientos y también el cuerpo de los cinco elementos, que realmente vuelve a nosotros inmediatamente. Durante el sueño no nos percatamos del cuerpo, así que no debemos asustarnos si no lo sentimos. Este ejercicio nos ayuda a asimilar el conocimiento de las transiciones de la muerte y del nacimiento de una manera práctica.

Ayuda Durante la Muerte

Es un trabajo difícil el trasmitir el conocimiento de la inmortalidad a quienes se acercan a la muerte sin preparación. En las últimas horas de la vida ya no pueden comprenderlo. No obstante, podemos trabajar internamente con la gente sin hablar de ello, o mientras sostenemos una conversación amena. Si no se sienten bien, podemos invocar el color azul en abundancia, llenamos el cuarto de la persona de este azul y lo transmitimos a su centro ajna (la frente). El pronunciar el mantram Om Namo Narayanaya silenciosa o vocalmente apoya la visualización del color azul. Es importante ver a la persona como un alma tanto como nosotros mismos lo somos, y no sentir una relación mundana con él. Formamos conscientemente un triángulo entre nosotros, el paciente, y la forma de Dios, o el maestro al que adoramos, en la parte superior del triángulo. Este trabajo del triángulo también permite que ciertas energías de centros superiores fluyan hacia el paciente y se sumen a nuestros esfuerzos. No debe haber ninguna cosa negativa en los alrededores del paciente. Por ejemplo, gente que llora, porque esto perturba el campo de energía. Cuando el silencio y la comprensión prevalecen en la habitación del enfermo, el alma que se va puede sostener su instrumento con claridad hasta el último momento y hacer, consecuentemente, las preparaciones adecuadas. La mejor situación es que el alma pueda partir en estado de conciencia.

Con una persona que muere, las energías de todas las partes del cuerpo se reúnen normalmente en el corazón para escapar más tarde a través de alguna abertura del cuerpo. Podemos dirigir el alma sugiriendo el alineamiento hacia arriba y el ir hacia los centros superiores, el centro de la garganta, el centro de la frente entre las cejas, o aún más arriba, de modo que el alma pueda irse a través de una de las siete aberturas de la cara. Si la persona no encuentra la salida en el proceso de morir, es como si no se encontrara la salida cuando una casa se está quemando. Nuestra ayuda facilita una salida más cómoda, incluso si la persona no lo sabe de una manera conciente. Podemos preguntarle también si aún tiene tareas por cumplir, e intentar que éstas se estabilicen. De lo contrario, el individuo luchará de alguna manera para permanecer en el cuerpo con el objetivo de completar estas tareas. Podemos facilitar la partida proponiéndole interiormente el dejar el cuerpo. Sin embargo, no tenemos el derecho de ayudarle con inyecciones, etc. Durante el momento de la partida se debe mantener completo silencio, e invocar el nombre de Dios en algún idioma junto al oído derecho de la persona que muere. Una persona sana debe dormir con la cabeza hacia el Este o el Sur, pero tan pronto como la persona muere, el cadáver debe colocarse con la cabeza hacia el Norte: la corriente magnética de la Tierra debe trabajar a través del cuerpo, y el magnetismo local debe converger con el magnetismo total de la Tierra.

Después de la Transición

Cuando el hilo de la vida se corta y el hombre ha dejado el cuerpo, se mantiene aún en los alrededores. Debemos recordarle con firmeza durante diez días que su casa está quemada o arruinada. La separación es más rápida cuando el cuerpo es quemado en lugar de ser enterrado. Este tema requiere, por supuesto, el creer en la existencia sutil. Hay inteligencias que cuidan de nosotros en los planos sutiles, y nos brindan la dirección necesaria para encarnaciones próximas. Se recomienda limpiar con agua las cosas de la casa donde ocurrió la muerte después de la partida, así como encender velas e incienso. Quemar alcanfor también ayuda a limpiar la atmósfera.

Nuestro apoyo debe terminar el décimo día después de la partida. No debemos seguir más a la persona puesto que ello puede ponernos en contacto con almas que ya han partido y causarnos ilusiones. Podríamos tener sueños y nuestras meditaciones y rezos podrían ser perturbados. En conclusión, podemos terminar la relación de una forma conciente, conectando con la Persona Cósmica con un rezo durante los tres días siguientes y pronunciar sonidos santos como OM o Gayatri.

Cuando sabemos que no vamos a morir, ya no tememos a la muerte. Esto nos permite una salida fácil y también el poder ayudar a otros a prepararse bien.

Fuentes utilizadas: K.P. Kumar: notas de seminarios. E. Krishnamacharya: El Libro de Rituales. The World Teacher Trust / Dhanishta, Visakhapatnam, India.