Descripción breve:
La sabiduría pitagórica se despliega sola por mediación de los iniciados que actúan como almas y no se puede aprender en las aulas mediante el intelecto. Hay que vivirla en la vida y para ello se necesita una firme determinación. El Maestro E.K. es un ejemplo de tales iniciados y vivió la Sabiduría Eterna en sus múltiples formas. Dio una visión concisa de la sabiduría pitagórica a un grupo de buscadores de Paris en 1983, de la cual surgió este libro 9 años más tarde.

Las enseñanzas contenidas en este libro contribuyen a que los lectores comprendan la unidad de la Sabiduría Eterna que ha sido expuesta de las más variadas maneras según las diferentes épocas y lugares del mundo. El objetivo es llevar a cabo la fusión espiritual entre Oriente y Occidente. Este libro nos proporciona también el enfoque de la Sabiduría propio de un iniciado. Estamos seguros de que el contenido de este libro ayudará de muchas maneras a muchos buscadores de la verdad.

Contenido:
Prefacio; Introducción, Vida y Sucesos; Las Enseñanzas de Pitágoras; El Teclado Pitagórico; Los Triángulos Pitagóricos; El Tetraktys; Los Números Pitagóricos y Los Ciclos de la Creación; El Señor de los Números y El Señor de la Forma; Comentario sobre los Aforismos De Pitágoras; La Comunidad Pitagórica

Muestra

Las Enseñanzas de Pitágoras

Me pregunto, ¿hoy, es el hombre el que administra los negocios, o son los negocios los que están administrando al hombre?. Entremos a considerar algunos ángulos de la visión de Pitágoras y de su manera tan particular de expresar la verdad. Hoy vamos a entrar en sus enseñanzas, que fueron esencialmente agradables y llenas de humor, y sin embargo, muy profundas.

1. Es deber de todo estudiante espiritual hacer que antes de morir haya un necio menos en la Creación y ese necio es uno mismo. También ha de hacer que haya un sabio mas en la Tierra, y ese sabio es también uno mismo. Aparte de eso uno puede hacer lo que quiera. Esto es lo mínimo que se puede esperar de un estudiante espiritual.

2. Quien no es dueño de su tiempo, de su mente, de sus sentidos, de sus pensamientos e ideales, es esclavo de todas las criaturas de este mundo.

Hasta que no seamos dueños de nuestro tiempo, cualquier necio que pase por la calle podrá hacer uso de nosotros. Esto es lo que Pitágoras quería decir con esta frase. Hay mucho que pensar sobre esta proposición. Creo que nos llevará más de una década hasta que podamos entender el significado completo de esta afirmación, pues todo depende de cómo entendamos nuestro tiempo y la duración de nuestra vida. No solemos darnos cuenta de la importancia que tiene nuestro tiempo de vida y de lo rápido que se termina, ni entendemos que deprisa se va y como se malgasta. Pero a menos que nos hagamos conscientes de ello, no podremos comprender ni apreciar por completo esta afirmación.

Dejamos pasar el tiempo a la ventura y pasamos muchas tardes o noches en los bares y casinos. El jugador de cartas se pasa las tardes, las noches y todo el fin de semana de esta manera, y ¿cuál es el resultado…? Lo que Pitágoras quiere decir es que la sabiduría consiste en estar contento. Toda actividad que no nos da satisfacción no es sino una actividad mecánica. La máquina humana tiene su propio desgaste natural, y no podemos compensar el tiempo que malgastamos, pues cuando se malgasta nuestro tiempo -sea un minuto, una hora o un día-, no se puede recuperar para volver a hacer las cosas mejor. Sólo podemos contar con el tiempo que nos queda y todo el tiempo que malgastamos se ha ido para siempre. Si nos gastamos el dinero, podemos ganarlo de nuevo; si perdemos nuestros bienes, podemos recuperarlos otra vez; si desaprovechamos una oportunidad, podemos volver a tenerla nuevamente; pero si malgastamos el tiempo, se malgasta la vida y no hay reloj de pulsera ni de pared que nos lo pueda devolver. Así pues, a medida que nos vamos dando cuenta de la importancia de la vida, iremos tomándonos más en serio esta afirmación de Pitágoras.

3. Andar en busca de conocimientos es correr tras de ti mismo; tu sombra corre contigo.

Cuando corremos bajo el sol, nuestra sombra corre con nosotros. Si damos la cara al sol, nuestra sombra queda a nuestra espalda y nos sigue; pero si damos la cara a nuestra sombra, el sol queda a nuestra espalda y tenemos que seguir a la sombra que corre delante de nosotros. Nuestra sombra es nuestro cuerpo y sus necesidades. Esto es lo que Pitágoras enseñaba.

Personalmente creo que para que podamos entender esta enseñanza por completo hemos de emplear toda una vida. Tenemos que dedicar nuestra mente a este pensamiento y vivir toda una vida hasta que comprendamos por completo su trascendencia. El cuerpo esta hecho de carne y tiene sus deseos y apetitos, el gusto por la comida y la bebida, la necesidad de descansar, de dormir, de la sexualidad, etc. Pero más allá de estas necesidades hay deseos que son completamente falsos. Hay, por ejemplo, necesidad de corner, pero existe también el deseo por comer; hay necesidad de beber, pero existe también el deseo por beber; necesidad de dormir y el deseo por dormir; necesidad de trabajar y el deseo por hacer un trabajo que nos gusta; necesidad de relación sexual y el deseo por el sexo. Hemos, pues, de ser capaces de saber donde está la línea de demarcación.

La necesidad es algo verdadero, el deseo es algo completamente falso. Cuando se trata de nuestras necesidades, estamos dando la cara al sol. El sol representa nuestro espíritu, la luz, la fuente de nuestra iluminación, la fuente original de iluminación en nosotros, que es el contenido del alma. El alma y el espíritu forman la unidad de luz en nosotros. Dar la cara al sol significa vivir siendo conscientes del alma y del espíritu. Es vivir constantemente en la Conciencia de Dios. Cuando vivimos en esta conciencia, dice Pitágoras, estamos dando la cara al sol; entonces nuestros deseos y nuestro cuerpo quedan detrás de nosotros. Cuando nos identificamos con el espíritu y vivimos como alma y espíritu, dejamos de identificarnos ya con nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es sólo una sombra, pero puesto que la Naturaleza nos lo ha dado para que nos sirva de vehículo, tiene algunas necesidades que tenemos la obligación de satisfacer. Mas allá de eso ya es deseo; y si nos interesamos por ello, estaremos dando la cara a nuestra sombra. Cuando nos dedicamos a prestar atención a nuestro cuerpo de la mañana a la tarde, como cuando nos ocupamos de cuidar, por ejemplo, nuestro pelo y nuestra piel con muchos perfumes y cosméticos, prestando atención leal hasta a la más minúscula parte de nuestra piel, sacando brillo desde el más minúsculo cabello de nuestra cabeza hasta nuestras botas, y así, desde la cabeza hasta los pies le prestamos un servicio de 24 horas, el resultado será que nos pasamos toda nuestra vida como sirvientes de nuestro pelo, de nuestra piel, de nuestros vestidos y de nuestros zapatos. Esto es lo que se entiende por correr trás nuestra sombra; en cuyo caso, el sol estará detrás de nuestra espalda.

La explicación que he dado aclara sólo a una parte de esta afirmación de Pitágoras, pero cada uno de nosotros tiene que meditar y descubrir más cosas por si mismo.

4. Que sea mediodía para todos, pues sólo cuando es mediodía no existe la sombra ni detrás ni delante de nosotros.

Pitágoras dice: “Que sea mediodía para nosotros”, y luego explica lo que quiere decir rnediodía. Cuando el sol está situado justo por encima de nuestra cabeza es lo que se llama el puesto de iniciación. El lo llamó técnicamente la hora de las Doce Superiores. Pitágoras tenía dos términos particulares que eran: las Doce Superiores y las Doce Inferiores. Es decir que cuando estamos de pie y el sol se encuentra situado por encima de nuestra cabeza, son las Doce Superiores o el mediodía, y cuando el sol se encuentra situado por debajo de nuestros pies, son las Doce Inferiores o la hora cero.

Hay además otros dos puntos: el Este por donde sale el sol y el Oeste, por donde se pone. Norte, Sur, Este y Oeste son los cuatro puntos cardinales del día. Sólo podemos evitar la sombra, incluso durante las Doce Superiores, si permanecemos erguidos. Es decir, que a menos que permanezcamos erguidos mental y moralmente, la sombra aparece. Eso es los que se llama una vida de rectitud, que Pitágoras llamó los Verticales.

Una manera llana y directa de ser que consiste en pensar, hablar y obrar llana y directamente es lo que se entiende por los Verticales. Por ejemplo, cuando alguien nos gusta hemos de decírselo a la cara, y cuando alguien no nos gusta también hemos de decírselo a la cara, pero no hemos de ir a decírselo a nadie más. En lugar de decírselo a otra persona, hemos de decirlo directamente a la persona interesada. Si hablamos negativamente de una persona a sus espaldas, eso no es una manera de ser llana y directa o manera de vivir vertical. Los Verticales representan las virtudes y la disciplina individuales de una persona.

Pitágoras definió también los Horizontales, que representan nuestras virtudes colectivas o sociales; es decir, nuestro comportamiento social hacia la sociedad. Por ejemplo: la compasión, el amor y la tolerancia son virtudes sociales u horizontales necesarias para relacionarnos con la sociedad. Pitágoras llamó a los Verticales, la plomada y a los Horizontales, el nivel. Los masones de la Francomasonería llaman también a estos instrumentos las herramientas, si bien ellos los utilizan solo como símbolos verbales una vez al mes durante una hora en sus logias. Pero hasta que no se practique lo vertical de la plomada y la horizontal del nivel en la vida diaria, uno no puede llamarse masón o constructor.

La práctica verbal de los símbolos sin ponerlos en práctica en nuestra vida es una farsa. Los que practican estos símbolos en su vida son los verdaderos constructores de la sociedad que no se atribuyen nada como suyo propio. Cuando Pitágoras llamó a la plomada y al nivel las Herramientas de la Masonería, se refería a los masones operativos y no a los especulativos. En la Francomasonería presumimos de ser masones especulativos en vez de masones operativos, pero hasta que no seamos masones operativos y pongamos estas virtudes en práctica en nuestra vida de cada día, seguiremos siendo tan inútiles como el polvo. Aunque seamos miembros desde hace muchos años de una sociedad ritualista, si observamos los rituales sólo dentro de la sala de rituales pero no en la vida, entonces somos sólo masones especulativos, absolutamente inútiles, ya que no estamos construyendo ningún templo en el plano físico.

button button (1)