Descripción breve:
El ocultismo es el estudio de Dios en el universo, en la naturaleza y en el hombre. Estudia las causas ocultas que yacen detrás de los efectos externos, el signi cado, las leyes y relaciones que hay detrás de toda vida y toda experiencia. Se interesa por los aspectos divinos del espíritu, del alma y del cuerpo, por las energías, cualidades y principios divinos. También se ocupa del porqué y el cómo de los fenómenos, del proceso creativo y evolutivo, de la conciencia que se desarrolla y expande y de la psicología, meditación y curación. Se interesa además por la utilización de fuerzas divinas para propósitos divinos, por la ley del renacimiento, por nuestro origen y futuro, por Cristo, por la Jerarquía planetaria, por el discipulado y por toda ciencia sobre relaciones espirituales, humanas y personales.

Muestra

Capítulo 1. Buddha y Cristo

Buddha, el líder espiritual de Oriente, y Cristo, el líder espiritual de Occidente, fueron agentes transmisores comprometidos con el despliegue evolutivo de la consciencia humana. Sus dos sistemas de despliegue, el camino de la mente y el camino del corazón, son secuenciales y están interrelacionados, algo que hasta ahora apenas se había logrado. El paso y la posibilidad siguientes, después del despliegue de la inteligencia, es el amor. Cuando la inteligencia se consuma en el hombre, entonces también puede consumarse el amor, y ambos se fusionarán y encontrarán su expresión. Buddha y Cristo fueron los dos mensajeros divinos y agentes reveladores más grandes que se han manifestado en la Tierra, destacando sobre todos los demás. Influyeron en hemisferios y durante siglos, mientras que otros instructores menores influyeron en países, en tipos específicos de mente y en períodos de tiempo menores. Las verdades y los ideales que enseñaron y vivieron han condicionado constantemente la civilización y el pensamiento humanos.

Buddha y Cristo son más grandes de lo que se cree; fueron los primeros de nuestra humanidad en convertirse en humano-divinos y encarnar en ellos mismos los principios cósmicos. Buddha encarnó la cualidad divina de la luz, de la inteligencia o la mente, y Cristo encarnó el todavía más grande principio divino del amor. Al mismo tiempo, Cristo incorporó en sí mismo todo lo que Buddha tenía de luz, sabiduría e iluminación. Él era la expresión tanto de la luz como del amor.

Estos dos grandes hijos de Dios, en su perfección, presentan una representación completa de la Deidad. En ellos, la humanidad puede comprender, en alguna medida, la naturaleza de la divinidad y la esencia de la vida espiritual: el idealismo, el amor, la sabiduría y la voluntad indomable. Estas esencias garantizan al hombre el logro final de las posibilidades latentes en el espíritu humano.

Los dos representantes divinos, Buddha y Cristo, revelaron el sendero que conduce a Dios, el sendero que el hombre puede seguir, debe seguir y seguirá. A través de ellos, se facilitó enormemente el descenso de Dios al hombre y se abrió el camino para que el hombre ascendiera a Dios. Ambos se dieron cuenta de que el hombre necesitaba ser liberado del control de la naturaleza inferior, y ambos demostraron los mismos programas: el sacrificio de lo inferior por lo superior, y el sacrificio de lo superior por lo inferior. Las verdades que enseñaron asestaron un golpe mortal a la ilusión y al espejismo del mundo y llevaron a la humanidad de la oscuridad a la luz.