Descripción breve:

Los cuentos se han considerado siempre como la forma más atractiva de comunicar la sabiduría. Es un principio antiguo. Los Sabios videntes de todos los tiempos comunicaron intrincados principios de sabiduría a través de historias lúcidas y simples. Tanto para los oyentes como para los lectores, los relatos siempre son interesantes. Siempre se aguza la atención cuando las historias se narran bien.

Muestra

9. Acercándose a la Orilla

Charandas es un veterano político con muchas reclamaciones sobre su servicio al país. Está recorriendo muchos pueblos para dar publicidad a sus pretensiones. Se halla en un peregrinaje de pre-elecciones haciendo campaña con muchos llamamientos en defensa de su posición, de manera que pueda ocuparse de los intereses de las personas que sufren mientras esto le convenga. Ha prometido que traerá agua del Ganges y del Kaveri para mezclarla con las aguas del Krishna y el Godavari. Aquel día pudo cubrir tres pueblos y hacer tres mítines despreciando a sus contrincantes, y al final de la jornada llegó a la orilla arenosa de un pequeño río. No encontró ninguna barca para cruzarlo, y caminó buscándola a lo largo de la orilla. Al final encontró una barquita vieja con un pescador que remaba.

“¡Hermano! ¿Puedes llevarme a la otra orilla? Te pagaré por ello. Mi trabajo es tan urgente que te lo tengo que pedir y no tienes más alternativa que aceptar”, dijo Charandas secándose el sudor de sus cejas bajo el sol abrasador de las tres de la tarde.

El pescador dijo: “Esta no es una embarcación de pasajeros. Es una barca de pesca pequeña que solo puede llevar a una persona. No es seguro que nos aventuremos. Preveo que el río tendrá una crecida. Mi mente me dice que algo va mal. Mejor descansar que arriesgarse”.
“Qué pena que tú, pobre inocente hijo de Bharat, no puedas entender las apremiantes necesidades del país.

Ansío servir al país y a su gente centímetro a centímetro. Entiende que vas a tener el privilegio de llevar a un patriota en tu barca”, dijo Charandas con una carcajada que sonó como el cacareo de una gallina.

“Como quieras. Pero no me culpes después si ocurre algo”, dijo el pescador invitando a Charandas a su barca.

“Si ocurriera algo, no podré culparte”, dijo Charandas riendo de nuevo mientras la barca encaraba las olas del río. La embarcación era realmente demasiado pequeña para aguantar el peso de dos personas. Mostraba signos de fragilidad como respuesta a cada ola. Mientras tanto, Charandas pregonaba el evangelio de su partido e impartía al pescador el sermón de la montaña a cada ola mientras los dientes le rechinaban de miedo.

El río empezó a crecer cuando la embarcación alcanzaba su punto medio. Había momentos en que la barca quedaba oculta entre dos olas y a veces se la veía en la cresta de una ola. Charandas perdió los ánimos junto con su entereza. “¿Hay alguna esperanza de que lleguemos a la orilla?”, preguntó. “Ha sido tu elección y el resultado dependerá de tus estrellas. No es menos arriesgado que los altos y bajos del recuento de tus votos después de las elecciones. Si te digo la verdad, seguro que nos hundiremos si ambos continuamos en la barca. Si uno sale, el otro tendrá una oportunidad de alcanzar la orilla”, dijo el pescador. Charandas se enfureció y gritó: “Esto va en contra del principio de democracia. La democracia aboga por la igualdad. ¿Quieres decir que debería saltar y ahogarme mientras tú alcanzas la orilla a salvo?”. Entonces el pescador añadió: “Si yo salto, puedo nadar y llegar a la orilla. El problema es que tú no puedes conducir la barca por ti mismo hasta la orilla. Sin embargo, estás seguro de que te ahogarás. Yo estoy seguro de que me salvaré. Aseguras que eres un patriota y dices que trabajas por el país y para la gente. ¿No puedes mostrar estas buenas intenciones aceptando saltar y salvándome la vida? Insisto en que yo estoy seguro de cualquier manera. Demostrarás que eres un hipócrita patriota justo antes de morir. Manifiesta tu bondad y prepárate para morir antes de que te ahogues de verdad. En este caso se demostrará que eres un patriota antes de morir. La bandera ondeará en tu cuello en el otro mundo. Dices que no es democracia si te pido que saltes y te ahogues. ¿Es democrático que te hayas negado a hacer que el viaje fuera seguro para un hermano indio? Tu democracia se ha ahogado. Acepta tu derrota y te salvaré”. Una gran ola levantó la barca en un ángulo de 45 grados cuando Charandas se agarró a los pies del pescador y sollozó: “Acepto que no creo realmente en la democracia, sálvame. Por el bien de mis tres hijos y mi mujer, sálvame”.

“Que así sea”, dijo el pescador, “y ponte cómodo. No te preocupes. La barca es segura y te llevaré a la otra orilla. Solo por diversión jugué contigo. No hay ningún problema con la crecida ni con la barca. Es algo bastante habitual, al igual que las olas de la opinión pública del país. Esto ocurre cada día y remamos por el río de forma segura. Te debe haber sorprendido que tenga estudios. Me gradué en política, pero sigo con mi profesión. Hijo mío, los tiempos cambian y las caras de los políticos cambian. Tú eres el único que no cambia. Ahora nos acercamos a la orilla y puedes ir corriendo con tus hijos y tu mujer sin inquietud. Lo único que te pido es que no inquietes la mente de la gente con tus pregones banales y tus enseñanzas de espuma”.

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